OBESIDAD EN LOS NIÑOS
 

La obesidad en los niños y adolescentes es causada generalmente por causas genéticas. Esta enfermedad de obesidad infantil y de adolescencia ocurre principalmente en los países desarrollados y constituye un problema de salud pública. Aparece generalmente antes de los dos años, en un 50% de los casos, el resto se observa durante la pubertad y adolescencia.  Existe una idea o creencia de que la "gordura" en los niños es sinónimo de salud, o que con la edad reducirán de peso; esta creencia ocurre porque los padres no se percatan del limite entre niño saludable y niño obeso y los dejan que sean gorditos porque se ven así más saludables. Es necesario controlar esta creencia muy popular. Esta obesidad infantil puede evitarse desde los primeros meses de la vida de los niños visitando al pediatra para que nos recete un buen hábito alimentario. Esta creencia es común que se piense que será transitoria y tan solo una expresión del crecimiento y desarrollo del niño; desafortunadamente esta opinión no solo es aceptada por la mayoría de las personas, sino por algunos médicos, que no le dan la debida importancia cuando la detectan. La obesidad en la infancia genera la formación de un mayor número de células grasas que en la edad adulta será muy difícil eliminarlas. De la obesidad infantil se pasa a la obesidad en la adolescencia.

La obesidad infantil es una enfermedad para toda la vida

Uno de los problemas de los padres es como saber si sus niños o adolescentes están obesos, para eso existe una formula practica (no exacta) para niños de 2 a 5 años que recomiendan los pediatras. La formula es la siguiente, multiplicar la edad en años por dos más ocho (niño de tres años=3 x 2 + 8=14 kg.); si pasa de ese resultado el niño esta obeso. Estos factores tienen que ser cuidadosamente comparados cuando se analiza la obesidad en los niños y adolescentes.
En porcentajes, del total de niños que fueron obesos en su adolescencia, aproximadamente un 80 por ciento de ellos seguirán siendo obesos durante el resto de su vida. Existe un 5% de estos niños que en su edad adulta pueden perder peso y mantenerse en su peso ideal durante cinco años después del tratamiento, pero al dejar el tratamiento contra la obesidad vuelven a recuperar el peso perdido en los primeros seis a doce meses.

La principal causa de la obesidad infantil es por factores genéticos, por herencia de los padres obesos. Una segunda causa es por factores socioeconómicos que permiten familias con modelos de vida sedentarios, acompañados de alimentación de comida chatarra, de familias que solo comen comida buena de buen gusto, generalmente muy condimentada y con un postre dulce al final. Otras causas son estado de salud del niño y de la familia, el ambiente en que se desarrolla el niño; que el niño adquiera actitudes sedentarias como comer golosinas delante del televisor, durante los juegos de salón o de mesa.

los tratamientos de 6 – 12 meses no sirven contra la obesidad
Los niños obesos son pasivos, reprimidos y tímidos, usan la sobrealimentación como una actitud de escape, comen de manera compulsiva, tienen bajo rendimiento escolar y deportivo. La obesidad infantil afecta la psicología de los niños, ya que no discrimina entre el hambre y otras necesidades o afectos que se desarrollan en la experiencia recíproca al lado de su madre. Cuando la madre alimenta al niño en respuesta a demandas que no son nutricionales, como ternura, enojo o miedo, él no podrá diferenciar entre lo que es el hambre y estar molesto. Esto provocará una sobrealimentación y la confusión ante las demandas afectivas del niño, que no le permitirán tener una claridad de sus necesidades, lo que generará mayor inseguridad.

la obesidad infantil vuelve a los niños tímidos


El niño y adolescente obesos muestran poca tolerancia a las actitudes de sus compañeros y familiares en relación con su aspecto y aceptación, muy pronto se sienten marginados y rechazados, los insultos de sus compañeros pueden ser destructivos.
Esta condición se exacerba en los adolescentes en los que coincide con los cambios físicos propios de su edad. Ser obeso o tener ligero sobrepeso, esta fuera de moda. El cuerpo obeso puede representar una protección, un caparazón, una barrera o una máscara como defensa para protegerse de su inseguridad, dependencia y ansiedad.

a) Control y Prevención de la Obesidad en los niños

- La regla principal para evitar la obesidad infantil es cambiar los estilos de vida de la familia de manera permanente, modificando los hábitos nutricionales de toda la familia, principalmente los padres (la madre), quienes a pesar de no ser obesos deben vigilar estrechamente la alimentación de sus hijos y limitar el consumo exagerado de alimentos. El médico pediatra debe recetar nuevos hábitos nutricionales para toda la familia.

 

1ª regla: cambiar de estilo de vida de manera permanente

- Darle una alimentación adecuada a los niños desde su nacimiento y durante los primeros años de vida, es la mejor forma de impedir que aparezca la obesidad. Desde los primeros meses de la vida se identifican los sabores, se conocen los alimentos, sus texturas, se adquieren los hábitos de alimentación, se marcan los gustos y las preferencias por los alimentos. Evitar la comida chatarra.

 

- Darle alimentación de pecho materno (libre demanda) de manera preferencial; el niño debe consumir lo que necesita, tratando de evitar el uso del biberón ya que tiende a alimentarlo de más, lo que puede ser el inicio de la obesidad y un mal hábito.  En este punto también les corresponde a algunas madres un poco de culpa, ya que por un poco de estética quitan el pecho a los niños a los 6 o 12 meses, debiendo darles de lactar hasta los 2 años como se hacia en antaño.

 

- A los niños de 4 – 6 meses debe alimentárseles con otros alimentos diferentes de la leche materna, se debe iniciar con un solo alimento; ofrecerlo por dos o tres días seguidos para conocer su tolerancia; no mezclar alimentos; no forzar su aceptación; ofrecer primero los sólidos y después los líquidos; incrementar progresivamente la cantidad ofrecida; promover el consumo de alimentos naturales, prepararlos sin la adición de condimentos y especies; ofrecer alimentos en textura adecuada para la edad, primero papillas, seguidas de picados y trozos. Hay que recordar que la alimentación en un hábito por lo que deberá adaptarse al horario y al menú familiar, lo que favorece socialización y aprendizaje. Por ningún motivo se les debe dar caramelos ni chocolates. 

 

Darle una cultura alimentaria al niño, como horarios fijos específicos para los tiempos de comida, determinar el lugar para el consumo de alimentos, indicar cuál es el comportamiento que se debe tener en la mesa, promover una masticación adecuada y marcar el tiempo disponible para el consumo de alimentos, entre otras, serán las bases de los hábitos de alimentación.

 

- Evitar el uso de algunos alimentos y golosinas (caramelos, chocolates, bebidas gaseosas, tentempiés, etc.,), como premios o como entrecomidas, ya que estas actitudes pueden originar que el niño empiece a tener una preferencia marcada por estos alimentos, o prefiera las golosinas a su alimentación diaria.  Desde otro punto de vista que los padres usen esta regla de alimentación para evitar el lloro o alguna exigencia indebida del niño, dándoles golosinas antes de comer y a la hora de comer estos no tengan la mínima gana de comer.

b) Tratamiento de la Obesidad del Niño

Una forma práctica para lograrlo es a través de los siguientes pasos:

1.- Cambiar los estilos de vida de la familia y los Hábitos Alimenticios: Es la tarea más difícil, pero no imposible, usando diferentes técnicas que recomendamos:

- Control Diario: Consiste en que el niño lleve un registro semanal del consumo de alimentos, especificando la cantidad de cada uno de ellos, así como la actividad física que realiza y por cuánto tiempo.  Así mismo, se tratará de evitar las actividades que condicionan el consumo de alimentos fuera de los horarios de comida, como el ir de compras al supermercado antes de haber comido. Consumir alimentos que por costumbre se acompañen de otros hipercalóricos, como hamburguesas con papas y refresco, pizzas, hot dogs y especialmente lo que se conoce como COMIDA CHATARRA.  

- Modificar los Hábitos Dietéticos: Cambiar los malos hábitos y reforzar los buenos hábitos, como la masticación, el comer despacio, disminuir la cantidad de alimentos, balancear la dieta, evitar las golosinas, tomar agua en lugar de refrescos, no realizar otra actividad simultánea como ver la televisión o distraerlo con juguetes, cambiar los hábitos de toda la familia, plantear metas semanales para evaluarlas e incrementar la actividad física diaria.

 

2.- Dieta Adecuada

Bajo prescripción médica se aportarán los requerimientos calóricos diarios del niño, de acuerdo a su etapa de crecimiento y desarrollo. Es conveniente sugerir alimentos que habitualmente se consumen y particularmente aquellos que más le agradan al niño, así el médico podrá seleccionar de ellos aquellos que sean adecuados para la nueva dieta. Recordar que la prescripción dietética es sólo una parte del tratamiento nutricional.
Las dietas muy bajas en calorías no están indicadas para niños ni adolescentes debido a que son dietas que se emplean por periodos muy cortos y que no modifican la conducta alimentaria, lo que tampoco se recomienda en niños.
Los malos hábitos alimentarios de los padres los aprenden los hijos: Agregar sal antes de probar los alimentos, usar azúcar en exceso, condimentos, salsas y aceites, son algunos de los ejemplos que durante las comidas del día, el niño adquiere, inicialmente por imitación y que posteriormente repite, lo que generará un mal hábito para su vida futura.

 

3.- Ejercicio diario

El ejercicio diario ayudara a quemar calorías, al gasto de energía y contribuirá a disminuir de peso. Incorporar al niño y adolescente a la actividad física diaria es un principio indispensable. Se recomienda que esta actividad la realice acompañado de los padres, hermanos o amigos con una frecuencia de 3 a 5 días por semana, iniciarlo con una duración de 15 minutos e incrementarlo hasta una hora. Actividades como caminata, natación, ciclismo, o bien, algún deporte de interés y diversión para el niño como jugar fútbol o patinar son siempre un ejercicio. Por otra parte, se debe propiciar la actividad física diaria en casa, tratar de caminar más, subir escaleras en lugar de utilizar elevador y andar en bicicleta. Disminuir las actividades sedentarias por largos periodos, como son ver televisión, usar la computadora y juegos de video.

 


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